Webs que llevan a otras webs. Enlaces que se pierden en el infinito como en un mensaje oculto que quiere transmitir el autor. ¿Alguna vez has sentido eso? Tengo en mi perfil un enlace a un blog. De ese blog, descifrando el mensaje, encontrarás palabras secretas que formarán el código para llevarte a otra web. No olvides que si no hubieras dado todos estos pasos en tu vida jamás hubieras llegado hasta acá. Y esto último te lo digo un poco a vos, un poco a mí. Espero que tengas en cuenta que muchas de las cosas que circulan por Internet son una basura. Es más… bien esta podría serlo.

Juan leyó detenidamente el mensaje de correo electrónico nada más porque llamó su atención, por esa alusión a lo infinito, fanático como era de Gorbes. Tanta era la basura que recibía por día, que casualmente iba a hacer clic en suprimir cuando sin quererlo se encontró leyendo tan extraño texto. Como un juego decidió que lo resolvería, sólo para ver qué era lo que salía de eso, de todas formas tenía tiempo de sobra.
No fue muy difícil. Se encontró, a fin de cuentas, con una web que daba con una página en blanco y una dirección. Era un pueblo en las cercanías, o relativamente. Unos trescientos kilómetros. ¿Sería peligroso? Más peligroso que recorrer las rutas durante años, esas rutas salvajes, reactivando máquinas para la red en diferentes estaciones. Una cosa sí era cierta, siempre debía tener cuidado con los saqueadores electrónicos. No eran como los mal llamados “hackers” de antaño; estos piratas saqueaban a los activadores en las rutas, cuyo trabajo era excelentemente remunerado pero muy peligroso para ambos, tanto para hackers que traficaban con los proyectores y activadores en el mercado negro, pero debían guardarse de las poderosas armas de ellos, como los activadores debían hacerlo del virus letal que hasta cinco metros de distancia podían enviar directo a su cerebro, reiniciando el chip roseta y dejándolos a disposición para su posterior tráfico.
Además de todo ello, el auto que la empresa multinacional proveía a los activadores de rutas dejaba mucho que desear en cuanto a velocidad, pero esto último no molestaba para nada a Juan. Todo lo contrario.

Bajó la tapa de su computadora activadora, pagó el café en la estación de servicio activada, donde un barbudo y sucio camarero le decía antes: “cincocincuentanotengomonedas” casi sin respirar, y se dirigió a su auto, su fiel bólido, que recorría las rutas junto a él de su destino.
No sería mucho tiempo de viaje. Podría, además, aprovechar para escuchar el audio libro de las “Crónicas de Restingraf”, su relato preferido sobre un tiempo donde no existían computadoras y unos animales extraños dominaban la tierra.
Casi al ocaso, divisó la entrada a un pequeño pueblo que daba justamente, buscando en el mapa central de direcciones, con la antesala al lugar solicitado. Juan debió cruzarlo por entero para llegar a destino. Viose curiosamente sorprendido por las miradas insidiosas de los pueblerinos. Mas tarde y a lo lejos, divisó una vieja casucha de madera, guía y vigía de la vastedad de un campo que se perdía en el firmamento, sin iluminación. Avanzó con su auto, ya encendiendo las luces por la poca claridad que ofrecía el sol a esas horas. bajó del auto y se acercó a la puerta de entrada. Ésta estaba entreabierta. Subió los tres crujientes escalones que lo separaban. Atravesando el vestíbulo, empujó la madera entronada y divisó, no si cierta sorpresa y temor, una silueta sentada en una silla, ya dentro de la casa.
-Te estaba esperando, Juan. Adelante.
El corazón de Juan dio un brinco ante esas palabras ¿Quién era esa persona? Podría suponer que esperaba en algún momento a alguien que descifrara su mensaje, pero no que supiera su nombre. Era, en términos de probabilidades, prácticamente imposible. Salvo que hubiera enviado el mensaje de correo sólo a él, pero no era de esa forma, pudo comprobar que había cientos de direcciones además de la suya y una extensión a una lista drop, que podía contener en forma oculta miles y miles de direcciones… así que había que descartar aquello.
-No temas. Debemos irnos. Descifraste el mensaje.
-Pero fue algo muy simple, ¿a qué se refiere?
-No lo fue. Llevo años esperando a la persona indicada. Se suponía fueras vos. Sabía que darías con la combinación
-Pero y si lo sabía… ¿por qué fue necesario un mensaje de correo? ¿Por qué no fue a buscarme?
-El programa fue hecho de esa forma, y los requisitos para su activación son esos que ejecutamos.
-Pero… no entiendo nada.
En ese momento el hombre empezó a brillar literalmente, tomando a Juan por la mano. El brillo se extendió a todo su ser, haciéndose cada vez más intenso, hasta que los dos por fin desaparecieron por un cable de alta tensión abierto en lo que era la mano de la silueta.

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