Escribir es un arte, donde la perfección personal abarca sólo una materia: la práctica.
Completá este cuaderno y estarás satisfecho. Pero para escribir libremente hace falta otra cosa. Para ser libre como el viento pegando en la cara en las mañanas primaverales o esa lluvia dominical que cae a veces en otoño se necesita no pensar en alguien más que el personaje mismo, o sólo escribir para uno mismo.
Es por ello que las estrellas me miran esta noche de verano. Alquilé esta finca en las sierras para intentar develar el secreto alquímico de la escritura. Sé del proverbio que reza: “para inventar algo, tenés que inventarlo todo”. Así que acá, en soledad, en esta noche voy a tratar de descubrirme a mí mismo dejando de lado mi pasado y colocando una tapa muy pesada a mi antiguo oficio de investigador policial, ni bien narre los acontecimientos que me trajeron hasta aquí.

El pasado me llevó por calles tenebrosas, inclusive para alguien de mi oficio: pocos detalles daré sobre las investigaciones, pero sí sobre el hecho que me llevó a abandonarlo todo. ¿Me hace feliz esto también? ¿Me reconforta haber vuelto acá y mantener viva la obsesión de querer decirlo todo y no poder descubrir siquiera cómo fue que maté a ese alienígena del sector X3? Era mi enlace para llegar al pez gordo. Todos sabemos el procedimiento de esa porquería, el maldito sistema es una basura. Pero no pude contenerme, esas cosas están por doquier, negociando y negociando, buscando las concesiones que los llevarán a quedarse con todo. Pero sí, es así, quien quiera seas que lea estas líneas, la culpa de todo la tienen los piratas. Esos sucios vendedores de usinas microcósmicas, traficando con el enemigo interno. Lo peor de todo es que nunca podrán ser atrapados, cosa que fue lo que me llevó a hacer mi descubrimiento: estos pedazos de estiércol de quién sabe que dónde eran meras manifestaciones psíquicas de alguien más, que presuntamente debía de andar por las inmediaciones, no he ahondado lo suficiente en las investigaciones de campo, ya era demasiado tarde.

El diario digital nos anunciaba pequeños detalles sobre el devenir del futuro, según Roger Merestrom, un docto en la predicción de catástrofes de civilizaciones, y efectivamente íbamos camino a nuestra propia destrucción. Esto no representaba novedad alguna por aquellos días ni tampoco por estos, pero si analizo bien el asunto, debería haber tomado siquiera algún recaudo. Podría haberlo hecho de habérmelo propuesto.
“Las naves nos llevan camino a una realidad superior”, mencionaba mi compañero casi constantemente. Siempre estaba contradiciéndole respecto de aquello: “Las naves no aparecen, amigo, y siempre se están adaptando a la época. Ahora resulta que nuestro enlace pronuncia palabra en forma de simbología compleja y nos advierte sobre los traidores dentro de nuestro mismo entorno”.

Las mañanas son más frías cuando camino por la pradera en este paraje en medio de la nada. Dónde he dejado toda esa innecesaria tecnología, dónde fue que me perdí y no aproveché todo esto. El sistema te va absorbiendo lentamente. Primero descifraron las pirámides, después vinieron las exploraciones submarinas… después nada y todo a la vez. Después los mensajes… algunos extraños mensajes. El futuro está entre nosotros, con todo el futuro y su peso característico, mezcla de la obviedad de los tiempos y la sorpresa, que una vez asimilada lógicamente deja de serlo para convertirse en plena cotidianeidad.

Primero me di cuenta que podía proyectar esos asquerosos alienígenas… pero a última hora me percaté de que planeaba el asesinato de mi compañero. Tampoco podría haberme dado cuenta de los mensajes que enviaba y como negociaba a través de ellos con los traficantes. En madrugadas me despertaba luego de pesadillas extrañas, de secuestros de injertos en la piel, de torturas, hablando extraños idiomas… los mensajes, yo era el que contactaba. Debí huir, ahora no puedo manejarlo, luego de escribir esto, ejecutaré la simbología alquímica de papel… ya sé lo que vendrá, primero la luz, luego la destrucción total. Las palabras más poderosas del universo.

Anuncios