Siempre fui fiel a mis deseos. Desde que conocí la técnica de desear y proyectar me encontré más alivianado mentalmente, sobre todo en el tedio que representa el trabajo en esta multinacional, donde hemos llegado al punto álgido del desprecio y ser tratados pura y exclusivamente como ganado, meros números de producción Yo soy el empleado doscientos sesenta y cinco y estoy en el sector contable. No es ninguna novedad terminar con una terminología semejante pare referirse a personas por parte de una empresa (globalmente hablando). Era algo evidente por parte del sistema despiadado en pos de la ganancia, lo estudié mil veces antes en la facultad. El tema es que de la utopía al hecho hay algo desgraciado: la realidad en la que uno se ve inmerso.
Mi taza de café por la mañana, a los apurones y mal dormido, el viaje en el colectivo apretujado con los carteristas de turno a la orden del día, la llegada, el fichaje, los desprecios de los jefes, mi cubículo de dos por dos y medio, mi computadora lenta como una tortuga con software propietario (ese que tanto desprecié por la privación del conocimiento y la restricción de compartir, motivo que me hizo inclinar al software libre), el almuerzo de quince minutos reloj al mediodía (con posibles descuentos de sueldo si me paso), seguir produciendo, la vuelta a casa apretujado nuevamente, comer alguna porquería, ver la televisión, leer algún libro, ir a dormir y volver a empezar al otro día. Pero mi deseo de mejorar siempre lo tuve presente. Es más, siempre deseo un lugar en el campo, alejado del bullicio de la ciudad, un lugar que esté en contacto con la naturaleza. Y obviamente tener trabajo. Esa tiene que ser mi vida. Sé que la realidad que me toca el día de hoy es otra, pero soy conciente de que algún día todo eso se va a cumplir. Por lo pronto tengo que ordenar estos papeles y hacer algunas horas extras porque no llego a fin de mes…
La rutina diaria la puedo soportar porque tengo pegada una foto donde se encuentra el lugar donde quiero estar en un futuro no muy lejano. Siempre que trato de descansar la vista, sacándola por unos minutos del monitor, la dirijo a la imagen y me quedo soñando ahí, hasta que vuelvo al trabajo nuevamente, y a seguir tecleando sin parar.

La mañana regalaba un sol radiante que inundaba la multinacional. Haciendo un paneo cual cámara cinematográfica, podemos salir por la imponente puerta de entrada de vidrios polarizados del edificio de la empresa, caminar por los pasillos arrebolados que nos conducen al puesto de vigilancia, donde se encuentra la salida. Una vez allí podemos perdernos entre los bosques contiguos o disfrutar de la pesca en el río lindante, del otro lado. El predio abarca una proporción importante de tierra en un paraje campestre a una hora y media de colectivo a la ciudad, que puede tomarse en la ruta que pasa por las inmediaciones.

Anuncios